¿Por qué la gente tira monedas a las fuentes?

La estación estival es un momento perfecto para comprobar como la masa ejerce su poder en muy diferentes comportamietos de los individuos y también en relación con el patrimonio.

De manera rítmica y prácticamente pautada, miles de personas visitan los mismos sitios y hacen las mismas cosas. Por ejemplo, nadie puede marcharse de París sin ver el Louvre y fotografiarse junto a la torre Eiffel.

Hace algunos meses nuestra amiga Zuriñe Lafón, llamaba la atención sobre el silencio que se guarda en los museos al visitar sus salas, buscando una posible respuesta en los comportamientos que propicia la propia institución. Quizá la propia masa sea la que contribuya también a ese silencio implicito del “templo de las musas”. Tal silencio que, aún hoy algunos vigilantes de sala son capaces de romper vociferando desde el otro lado de una sala para corregir determinados comportamientos de los usuarios.

En esta ocasión me gustaría comentar una cuestión que siempre ha llamado mi atención, ¿cuál es la razón que lleva a la gente a arrojar monedas a cualquier fuente o similar?.

Este comportamieto ha provocado que lugares como el museo de Arte Romano de Mérida, la Catedral de Santiago de Compostela, las fuentes de la Granja, la Alhambra de Granada, entre una gran lista de casos también haya monedas acumuladas sin que se incite en estos espacios a tal estraño comportamiento. Es curioso también observar que no se libran de las monedas los espacios naturales como El Monasterio de Piedra, Covadonga… entre otros. Tan sólo hace falta que alguien inicie esta cadena incesante para que el poder de la masa de sus frutos.

Parece ser que la gente sigue este ritual por mera superchería, esperando que al desprenderse de estas piezas de metal gozen de buena suerte o se les conceda algún deseo.

Por todos es conocido el caso de la Fontana di Trevi en el que de espaldas a la misma todo visitante a de lanzar una moneda si se quiere volver a visitar Roma. Sinceramente, yo conozco fórmulas mejores que garantizan volver, pero… ¿cómo te vas a marchar de Roma sin lanzar una moneda en la Fontana de Trevi?

El caso de esta fuente es peculiar porque la filmografía ha alimentado este comportamiento hasta el punto que se ha decidido recuperar la recaudación del fondo del vaso frecuentemente para destinar dicho dinero a fines benéficos.

Hay que llamar la atención sobre que en la mayoría de los casos nadie recupera el dinero del fondo de las fuentes y lagos y que dicho metal se deteriora pasando a contaminar el agua que los contiene.

El gupo de música “La oreja de Van Gogh” también hace alusión a este fenómeno en su canción “El Duende”:

“ilusos que hoy arrojan, a la fuente sus monedas
realistas que no dudan, en mojarse y cojerlas
por eso yo te digo que hay dos tipos de dialecto
que hay dos tipos de secretos unidos en uno mismo”

¿Y tú qué opinas?, ¿conoces algún lugar donde podría ser perjudicial esta práctica?

 

 

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