María Pujol y el grabado que se vuelve bosque: «La Lumière de la Forêt»

En Veo Arte en todas pArtes seguimos de cerca a las artistas que convierten la técnica en una forma de pensamiento. María Pujol (Barcelona, 1982) es una de esas creadoras que trabajan desde el oficio, pero también desde la expansión del lenguaje. Su práctica explora los límites del grabado y la estampación, y nos propone una manera distinta de entrar en la imagen: no solo mirarla, sino atravesarla.

Una trayectoria sostenida en el taller y la investigación

Formada en la Escuela Superior de Arte y Diseño «La Llotja» de Barcelona, María Pujol amplió su recorrido en AGA LAB (Ámsterdam) y, en 2007, fundó el taller Manera Negra, un espacio dedicado a la creación, formación e investigación en grabado. 

Desde 2010, su obra se ha mostrado en distintos contextos internacionales, con presencia en España, Francia, Marruecos, México y Estados Unidos.  En ese recorrido, su interés no se ha desplazado del núcleo: investigar qué puede ser el grabado hoy, y hasta dónde puede llegar cuando se abre a otras dimensiones.

Dioramas: cuando la estampa se hace espacio

Uno de los ejes más reconocibles de su trabajo es el grabado tridimensional. Pujol construye dioramas como ventanas abiertas: capas recortadas, planos que se superponen, sombras que cambian, profundidad real. La imagen deja de ser una superficie para convertirse en un lugar.

En estos dioramas aparece un motivo recurrente: el bosque. No como simple escenario, sino como territorio emocional. Allí conviven la precisión del corte, la paciencia del ensamblaje y esa sensación de tránsito que tiene lo natural cuando lo miramos con tiempo. En su obra, la técnica no está al servicio del efecto. Está al servicio de una experiencia.

Libros de artista: una narrativa hecha de papel, tinta y tiempo

Junto a los dioramas, los libros de artista ocupan un lugar importante en su producción. En ellos, la imagen se organiza en secuencias y el sentido se construye por acumulación. Cada página modula el ritmo. Cada pliegue define una pausa.

Nos interesa especialmente esta dimensión editorial porque amplía la idea de grabado como «obra única». Aquí la estampa no es solo resultado. Es recorrido. Es lectura. Es una forma de habitar el tiempo, muy cercana a cómo funcionan la memoria y el recuerdo: por fragmentos, por retornos, por insistencias.

«La Lumière de la Forêt»: volver al bosque, pero de otra manera

En la serie «La Lumière de la Forêt», María Pujol regresa al bosque de su infancia, pero lo hace de un modo distinto. No lo reconstruye como un paisaje estable. Lo trabaja como una experiencia de luz, cambiante y sensible. 

La serie se compone de fotograbados estampados sobre pan de oro. Ese soporte transforma por completo la relación con la imagen. La lámina no “ilumina” el motivo: lo desplaza. Según el punto de vista, el reflejo altera el contraste y modifica la escena. El bosque aparece y se oculta, como un recuerdo que nunca se deja fijar del todo. 

Aquí, la luz no actúa como un fondo agradable. Actúa como lenguaje. Se vuelve materia y, a la vez, memoria. El grabado se expande hacia una dimensión casi física: el brillo nos obliga a movernos, a ajustar la mirada, a atender a lo que cambia. Esa exigencia es parte de la obra.

En «La Lumière de la Forêt» conviven tres cosas que definen muy bien el trabajo de Pujol: oficio, investigación y atmósfera. El resultado no busca cerrar un significado. Abre un umbral: entre lo recordado y lo presente, entre lo que vemos y lo que sentimos que está ahí.

Un reconocimiento a una forma de sostener el oficio

En 2022, María Pujol recibió el Premio Nacional de Grabado por trayectoria e innovación, otorgado por la Fundación Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella.  Más allá del dato, nos interesa lo que ese reconocimiento señala: una práctica sostenida, coherente, y en movimiento. Una manera de trabajar que no separa técnica y discurso.

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