La exposición «De todas las cosas» de José Antonio Vallejo Serrano, presentada en DDR Art Gallery bajo el texto curatorial de Javier Díaz-Guardiola, marca un punto de inflexión en la carrera del artista madrileño. En ella consolida un lenguaje visual profundamente personal, lleno de símbolos, emociones y una sensibilidad que se ha ido afinando con los años.
En Veo Arte en todas pArtes hemos acompañado su recorrido desde los inicios, y resulta emocionante ver cómo su imaginario sigue transformándose en espejo de sus propias vivencias.
Los orígenes de un imaginario
Vallejo presentó, creó y configuró todos sus personajes en su trabajo de fin de máster en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense. Desde entonces, cada uno de ellos ha ido evolucionando en paralelo, pero también en diálogo con su historia personal. Son álter egos que se cruzan, se contaminan y funcionan como un medio para analizarse, reconstruirse y narrarse a través del arte.
En «De todas las cosas», el artista se reencuentra con esas figuras desde una madurez nueva, integrando en ellas los procesos de duelo, pérdida y renacimiento que han marcado su evolución reciente.
Conquistar el papel: del vacío al escenario
A lo largo de su trayectoria, Vallejo ha ido conquistando el papel con una conciencia espacial cada vez mayor.
En sus primeras obras, los personajes se presentaban en solitario: el espacio quedaba definido por el lugar que ocupaban y el fondo se convertía en un no lugar, sin identidad ni importancia. Lo esencial era la conexión directa entre el personaje y el observador.
Con la incorporación de más figuras, el espacio comenzó a definirse a través de las relaciones entre ellas. Más adelante, aparecieron objetos que ampliaron la narrativa y se integraron en el juego escénico.
El bosque fue su primer escenario real: un entorno simbólico donde cada árbol representaba a la marioneta transformada.
En «De todas las cosas», Vallejo amplía su universo visual. Surgen nuevos escenarios que actúan como tales, aportando contexto, emoción y atmósfera. Espacios que vibran con los personajes y reflejan su estado interior.
El arte como refugio y reconstrucción
El arte, para Vallejo, ha sido siempre refugio y reconstrucción. Frente al dolor, la risa; frente al miedo, el color.
Desde sus primeras obras, ha sabido traducir lo íntimo en imágenes capaces de conectar con cualquiera que haya sentido vulnerabilidad o necesidad de reinventarse. En «De todas las cosas», esa mirada se vuelve más compleja: el duelo y la pérdida se transforman en impulso creativo, y el deseo de «volver a sonreír» se convierte en un gesto de resistencia.
En esta nueva etapa, Vallejo se reconoce como constructor. No solo de personajes o escenas, sino de mundos posibles. Los escenarios, inspirados en el artificio del Hollywood clásico, subrayan la tensión entre realidad y ficción. En ellos, sus criaturas —ya no tan inocentes— buscan su lugar, conscientes de que la felicidad también puede ser una puesta en escena.
Nuevas dimensiones, referencias y lenguaje emocional
Por primera vez, el artista muestra a sus personajes en una escala mucho mayor, en ocasiones fragmentados, como si su identidad se expandiera más allá del papel. Esta decisión formal no solo amplía la potencia visual, sino que refuerza el carácter introspectivo y emocional de la exposición.
En esta nueva etapa, también emergen referencias al imaginario pop de su niñez: ecos de la cultura visual de los ochenta y noventa se entrelazan con alusiones a la historia del arte, con guiños a maestros como Rembrandt o Goya, generando un diálogo entre lo cotidiano y lo trascendente, entre lo vivido y lo aprendido.
Vallejo construye así un puente entre su biografía y la tradición pictórica, incorporando capas de lectura que enriquecen el relato visual de «De todas las cosas». Las obras de «De todas las cosas» funcionan como fragmentos de un diario emocional. Páginas que se doblan entre la melancolía y la esperanza, entre la despedida y la reconstrucción. No hay principio ni fin, solo un movimiento continuo que nos recuerda que sanar no es olvidar, sino aprender a mirar con otros ojos.
Vallejo nos invita a reconciliarnos con nuestra propia historia, a través del dibujo, con lo que fuimos y con lo que aún está por venir.
«De todas las cosas» nos enseña que la ternura también puede ser radical, que la belleza puede surgir de la ruina y que, incluso cuando el mundo se tambalea, siempre hay un motivo para sonreír.
🚇 Metro cercano
La Latina (Línea 5) · Tirso de Molina (Línea 1) · Lavapiés (Línea 3)
📍 Dirección
DDR Art Gallery
Calle de la Encomienda, 21, 28012 Madrid
🕒 Horario de visita
Martes a viernes: 12:00 – 14:00 h y 16:00 – 19:00 h
Sábados, domingos y lunes: con cita previa.
