FLORA y la cultura como motor económico: cuando el arte también transforma una ciudad

Hablar de cultura como motor económico sigue incomodando a algunas personas. A menudo se acepta con facilidad que la industria, la tecnología o las infraestructuras generan riqueza, pero cuesta reconocer que un festival artístico también puede hacerlo. Sin embargo, los datos vuelven a demostrarlo. La edición 2025 de FLORA, Festival Internacional de las Flores, generó en la provincia de Córdoba un impacto económico total de 66,9 millones de euros en términos de producción, una contribución de 32,9 millones al PIB provincial y 127 empleos.

No hablamos, por tanto, de un efecto simbólico ni de una repercusión difícil de medir. Hablamos de una actividad cultural con consecuencias tangibles sobre el turismo, la hostelería, el comercio, el transporte y la proyección exterior de una ciudad. Y hablamos también de algo más profundo: de cómo un proyecto cultural bien pensado puede integrarse en la identidad de un territorio y convertirse en parte de su estrategia de futuro.

Desde Veo Arte en todas pArtes nos interesa especialmente esta noticia porque refuerza una idea que defendemos desde hace años: la cultura no es un adorno, ni un lujo que llega después de lo importante. La cultura también sostiene, conecta, activa y transforma.

Mucho más que un fLORES

Uno de los errores más frecuentes al hablar de proyectos culturales es reducirlos a su dimensión estética. En el caso de FLORA, sería fácil quedarse en la espectacularidad de sus instalaciones vegetales o en la singularidad de ver arte floral contemporáneo en patios emblemáticos de Córdoba. Pero el festival lleva tiempo demostrando que su alcance es mucho mayor. Cada octubre convierte la ciudad en un punto de atracción para visitantes, profesionales y medios, y lo hace desde una propuesta muy concreta: relacionar botánica, contemporaneidad, patrimonio y experiencia urbana.

La Universidad Loyola subraya que por cada euro atribuible a FLORA se generan 2,98 euros de actividad económica en la provincia. A ello se suma un efecto tractor de 16,16 veces el presupuesto del festival y un efecto de difusión mediática de 19,36 veces. Son cifras muy relevantes porque muestran que el valor de la cultura no se agota en la taquilla, ni en el presupuesto directo, ni siquiera en los días de celebración. Su capacidad está también en todo lo que mueve alrededor.

Ahí es donde la cultura deja de entenderse como gasto y empieza a verse como una inversión estratégica.

Un impacto que se reparte en toda la ciudad

Los casi 197.773 accesos registrados en las instalaciones de FLORA en 2025 ayudan a entender por qué el festival tiene un efecto tan notable en Córdoba. Ese flujo de personas no solo visita exposiciones o recorridos botánicos. También duerme en hoteles, reserva restaurantes, se desplaza, compra y prolonga su estancia para conocer otros espacios patrimoniales y culturales de la ciudad. El informe insiste en que los sectores más beneficiados son los vinculados al turismo, aunque el impacto alcanza al conjunto de la cadena de suministro provincial.

Esto resulta especialmente importante en un momento en el que tantas ciudades buscan modelos de desarrollo más sostenibles, más cualificados y más ligados a su identidad. FLORA no compite desde la lógica del gran evento despersonalizado. Lo hace desde algo mucho más valioso: una propuesta cultural singular, arraigada en Córdoba y capaz de proyectarla internacionalmente a través de aquello que le es propio, como su relación con los patios, las plantas y la vida en torno a lo botánico.

Cuando la cultura se articula así, no solo genera retorno económico. También fortalece el relato de ciudad y hace que el desarrollo tenga más sentido para quienes la habitan.

La estabilidad también importa

Otro aspecto que conviene subrayar es que no estamos ante un pico aislado. El análisis acumulado del periodo 2023-2025 muestra una contribución media anual de 53,6 millones de euros en producción y la creación de más de 103 empleos anuales, con ratios de retorno estables. Además, el impacto de 2025 creció un 27,4 % respecto a la edición anterior y un 61,3 % respecto a 2023, a valor real de 2025.

Este dato cambia por completo la conversación. Porque una cosa es que un evento funcione un año y otra muy distinta es que se consolide como parte del ecosistema económico-cultural de un territorio. Esa continuidad permite planificar mejor, atraer colaboraciones, generar confianza institucional y privada, y sostener una marca cultural propia en el tiempo. En otras palabras: permite pasar del entusiasmo puntual a una política cultural con visión de largo recorrido.

Por eso FLORA resulta un caso tan interesante. No solo demuestra que la cultura puede generar riqueza. Demuestra también que esa riqueza puede ser recurrente, medible y compatible con una propuesta artística ambiciosa.

Cultura, prestigio y futuro

En demasiadas ocasiones se pide a la cultura que se justifique desde fuera: por su utilidad turística, por su rentabilidad o por su capacidad de atraer visitantes. Es cierto que todo eso importa, y en el caso de FLORA los datos lo evidencian con claridad. Pero quizá lo más interesante sea que el festival logra combinar esa dimensión económica con otra simbólica y estratégica: el posicionamiento de Córdoba como referente internacional del arte floral contemporáneo.

Eso también tiene valor. Tener una identidad cultural reconocible, generar prestigio exterior y asociar una ciudad a experiencias artísticas de calidad forma parte de la economía contemporánea. No es algo accesorio. Es una manera de construir competitividad desde la singularidad y desde el patrimonio cultural vivo.

Quizá por eso conviene leer esta noticia con atención. FLORA no solo confirma que el arte puede emocionar, abrir preguntas o transformar nuestra mirada. Confirma algo que a veces se olvida en el debate público: la cultura también crea empleo, activa sectores enteros y multiplica valor. Y cuando eso sucede de forma sostenida, lo razonable no es preguntarse si merece la pena invertir en cultura, sino cuántas ciudades están dejando pasar esa oportunidad.

© FLORA. Patricia Cachinero.

La próxima edición de FLORA y cómo planificar la visita

El crecimiento de FLORA no solo se mide en cifras. También se percibe en la expectación que ya despierta su próxima edición. La novena edición de FLORA se celebrará en Córdoba del 12 al 22 de octubre de 2026, consolidando de nuevo el mes de octubre como una cita clave para quienes siguen de cerca el arte floral y botánico contemporáneo. La información turística oficial de Córdoba ya recoge esas fechas, y en los últimos días el festival ha empezado además a anunciar algunos de los primeros nombres vinculados a esta nueva edición.

Para quienes estén pensando en organizar la visita, conviene seguir de cerca los canales oficiales del festival, ya que FLORA suele publicar allí su calendario detallado, las localizaciones, las actividades paralelas y la información práctica para el público. En la página de información práctica del festival se indica que el acceso a las actividades es gratuito, salvo las señaladas, y que algunas requieren inscripción previa. También se publican habitualmente los horarios de visita de las instalaciones y las visitas guiadas, que en ediciones recientes han partido desde la Diputación de Córdoba con reserva previa.

Todo apunta a que FLORA volverá a convertir Córdoba en un destino imprescindible para quienes entienden la cultura como una experiencia que atraviesa patrimonio, naturaleza, pensamiento y ciudad. Y quizá ahí resida también una de sus mayores fortalezas: en su capacidad para atraer visitantes no solo a un festival, sino a una manera de mirar Córdoba desde la creación contemporánea.

Nosotras también seguiremos de cerca las novedades de FLORA y os iremos contando todo lo importante sobre su próxima edición.

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