Conversamos con Aurora Duque en nuestras ENTRE VISTAS

El collage es, desde sus orígenes, un territorio de libertad, de fricción y de reescritura de lo real. En la obra de Aurora Duque, esa condición se convierte en un lenguaje profundamente personal y, al mismo tiempo, colectivo. Sus piezas parten de imágenes reconocibles —papeles antiguos, fotografías encontradas, cuerpos que nos miran desde otro tiempo— para abrir grietas en los relatos dominantes y proponer nuevas formas de mirar, de desear y de habitar el mundo.

Con una trayectoria consolidada en el ámbito del collage contemporáneo, Aurora Duque trabaja desde la acumulación, el azar y el diálogo físico con los materiales. En sus obras conviven la memoria, el cuerpo, la fantasía y la crítica social; lo político y lo íntimo aparecen entrelazados como capas que se superponen, se cosen y, a veces, se reparan. El hilo, el corte, el gesto manual y la lentitud del proceso son también parte del discurso: una forma de resistencia frente a la velocidad y la homogeneización visual.

En esta entrevista, Aurora Duque nos invita a entrar en su universo creativo y a pensar el collage desde dentro: como herramienta activista, como refugio personal y como espacio donde la fantasía no funciona como evasión, sino como una estrategia para cuestionar la realidad y ensayar otros imaginarios posibles.

Veo Arte: ¿Qué te aporta el collage como medio de expresión artística?

Aurora Duque: El collage es para mí la libertad absoluta, puedo tocar, cortar, unir, equivocarme. Y a través de él puedo hablar de cosas que me interesan —la memoria, el cuerpo, el deseo, lo vulnerable— sin tener que explicarlas de forma literal.

Para mí, el collage es tener la libertad de cambiar la realidad. Viniendo de la Filología, siempre he visto el mundo como un gran texto que se puede editar. El collage me permite modificar esa realidad y reescribirla y me aporta esa magia de lo inesperado; me encanta el momento en el que el azar decide por mí y junta dos recortes que parecen haber nacido para estar unidos. Es un lenguaje que me permite ser sutil y, a la vez, lanzar un mensaje visual muy contundente.

El collage es una herramienta activista, pero también es un refugio personal. A través de él hablo de la memoria histórica de las mujeres, de las violencias estructurales, de las disidencias sexuales y corporales, pero también de temas íntimos como los cuidados, el duelo o mis fantasmas, miedos y vivencias. Me interesa que todo eso conviva, como un gran collage, porque en la vida real tampoco se separan.

Veo Arte: ¿Cómo decides qué elementos —imágenes, texturas, papeles, hilos— entran finalmente en un collage?

Aurora Duque: Mi proceso no es nada lineal. Empieza mucho antes de sentarme a trabajar, en la acumulación casi obsesiva de materiales. Guardo papeles antiguos, revistas viejas, postales, fotografías encontradas, objetos, hilos, telas… Siento debilidad por el papel antiguo porque ya viene cargado de memoria. También por las fotografías antiguas; puedo estar semanas mirando una hasta que decido qué hacer con ella; hay una mezcla de respeto y pudor a la intervención.

A veces planifico lo que quiero hacer, si es una serie, por ejemplo, pero lo que me gusta realmente es cuando empiezo un collage y no sé cómo va a acabar. Me pierdo entre hojas, recorto sin un plan cerrado, dejo que el azar actúe. Hay algo muy mágico en ese momento en el que dos imágenes u objetos que no tenían nada que ver se encuentran y llega el momento en el que el collage “se ordena solo” y lo siento en el cuerpo, como un ajuste interno. Es una mezcla de azar y necesidad narrativa, y muchas veces es ese encuentro inesperado —ese “clic” entre dos imágenes que no estaban destinadas a verse— lo que hace que el trabajo funcione realmente.

Tengo un diálogo muy físico con el material. A veces todo empieza por el tacto: elijo un papel antiguo que está casi deshaciéndose y eso ya me marca el ritmo de la obra. Otras veces es una búsqueda obsesiva; puedo perderme horas entre revistas viejas hasta que doy con la mirada o el gesto exacto que necesito. El uso de hilos, telas o pan de oro no es solo estético; es una forma de añadir capas de significado. Coser sobre el papel, por ejemplo, es para mí un acto de reparación, una forma de sanar o de subrayar una herida. Al final, los elementos entran en la obra cuando siento que han dejado de ser imágenes u objetos encontrados para empezar a contar una historia.

Veo Arte: ¿Cuáles son tus principales referentes en el mundo del collage o en el arte en general (artistas o no)?

Aurora Duque: Hay dos momentos que recuerdo como fundamentales en mi recorrido artístico. El primero fue la exposición Dada y Constructivismo en el Museo Reina Sofía en 1989. Allí vi por primera vez obras de Hannah Höch, Max Ernst, Lyubov Popova, Sophie Taeuber-Arp o Man Ray. Lo recuerdo con la fascinación de quien se encuentra con algo que le emociona profundamente por primera vez. En ese momento, no era consciente de que entre toda aquella muestra solo había siete mujeres.

El segundo momento importante para mí fue la performance Queridas Viejas de María Gimeno, que vi en 2017 en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense. Durante las dos horas y media que duró, María nos presentó a mujeres artistas que hasta entonces no sabíamos que existían. Fue un antes y un después: me hizo reconocer mi ignorancia y tener conciencia de cómo habíamos sido engullidas, hasta entonces, por el relato heteropatriarcal de la historia del arte.

Podría hacer una lista enorme de referentes que me inspiran, además de las/los que ya he mencionado: Richard Hamilton, Nancy Spero, León Ferrari, Pilar Lara, Grete Stern, Christian Boltanski, Joel Peter Witkin, Equipo Crónica, Leonora Carrington, Maruja Mallo… y la lista podría seguir.

Y por supuesto tengo referentes en mis amigas/os/es artistas, a los que admiro por su trabajo, pero aún más por su forma de estar en el mundo; es imposible nombrarlos a todas y todos: Marina Vargas, María Gimeno, mis compañer@s de Estudio Inverso, entre los que destaco a Chema Perona, Mateo Fetén como collagistas que me fascinan o Artkatovi con el que tantas conversaciones tengo, el Colectivo Malvón, Prado López, Parafiliarte, Rexalmajestad, Tomás Valdivieso, Nicéforo, Roberto González Fernández, India Toctil, Diego Reyes, Sandra Paula Fernández, Mónica Mura, Patricia López Landabaso, Ruth Gómez, Mario Vela, Ana Esmith, Vanessa Maricrónica, Virginia Calvo, Carmen Alvar, Nerea Egido, David Trullo…

Y te diría que mis referentes son también colectivos. Creo que asociarse y crear redes entre artistas nos hace más fuertes. Me parece fundamental el trabajo que se hace en la asociación MAV (Mujeres en las Artes Visuales) o AVAM (Artistas Visuales Asociados de Madrid) y me entusiasma la colaboración con otros artistas que estamos desarrollando en Estudio Inverso.

Veo Arte: ¿Cómo definirías el collage desde tu experiencia personal, como alguien que lo trabaja a diario?

Aurora Duque: Para mí el collage es mi forma de estar en el mundo, es mi vida. Trabajarlo a diario es cuidarme. Me ha enseñado a aceptar lo incompleto, a no forzar los resultados, a convivir con el error y con la duda. Cortar, rasgar, pegar es también cuestionar, desmontar y volver a construir. En ese gesto hay algo profundamente político: tomar imágenes que nacieron para reforzar ciertos cánones —sobre el cuerpo, la mujer, el género, lo “normal”— y darles la vuelta, romperlas, reapropiármelas, ponerlas juntas con otro sentido, otras narrativas posibles. Es una forma de dialogar con quien va a mirar, pero también conmigo misma.

Trabajar el collage a diario es un ejercicio de paciencia y de atención constante; es ir por la calle o por un rastro mirando las cosas no por lo que son, sino por lo que podrían llegar a ser. Lo definiría como un acto de resistencia íntima. En un mundo tan digital y rápido, sentarme con las tijeras, el bisturí y el pegamento es mi manera de ralentizar el tiempo y de rebelarme contra el sistema.

Veo Arte: ¿Cómo sientes que tu obra navega entre la fantasía y la realidad?

Aurora Duque: Mi trabajo parte de imágenes reales y reconocibles, pero no me interesa quedarme en lo literal. No busco escapar de la realidad, sino mirarla desde otro ángulo. A través del collage busco crear un imaginario donde la fantasía y la imaginación abran grietas en la realidad, donde se pueda cuestionar lo que damos por normal.

La fantasía, en mi obra, no es una huida. Es una herramienta para pensar de otra manera, para resistir, para imaginar otros cuerpos posibles, otras formas de deseo, otras narrativas. Me gusta que mis collages funcionen casi como un trampantojo: que atraigan por su preciosismo, pero que al acercarte te obliguen a tomar posición, a preguntarte qué estás viendo y desde dónde lo estás mirando.

Memorias visuales de Aurora Duque



			

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