La exposición «Sin pecado: Bekaturik gabe» del artista zaragozano Cayotiko se celebrará en la Librería y Galería Zuloa de Gasteiz, del 27 de septiembre de 2024 al 11 de enero de 2025.
Esta muestra, comisariada por Lidia Pescuezo y Nuria García, es una de las retrospectivas más grandes del artista hasta la fecha. En ella, los asistentes podrán sumergirse en los grandes temas que han marcado la trayectoria de Cayotiko, revisitados desde una perspectiva actual. La exposición abarca una gran variedad de técnicas y formatos, incluyendo papel, cerámicas, tabla, lienzo, mural en pared y una instalación donde interviene mobiliario creando entornos enigmáticos. El universo visual de Cayotiko, se nutre de la estética punk y la cultura mexicana y el neo-expresionismo americano, se despliega aquí en todo su esplendor, ofreciendo una experiencia visceral y provocadora para el espectador.
El título de la exposición «Sin pecado: Bekaturik gabe» Es una afirmación contundente sobre la libertad artística, una libertad que Cayotiko reivindica al explorar lo que comúnmente se considera prohibido o moralmente inaceptable. La idea del «pecado» se convierte aquí en un terreno fértil para la creación, y lejos de ser un lugar de condena, es una invitación a aceptar nuestra naturaleza humana, con todas sus imperfecciones, temores y transgresiones.
Hablar de «sin pecado» en el contexto de Cayotiko es reconocer que todos, de alguna manera, somos pecadores. No hay pureza inmaculada en su obra, ni hay intención de buscarla. Sus criaturas deformadas, sus corazones atravesados y sus figuras monstruosas no son condenas visuales, sino símbolos de un poder conquistado. Una batalla ganada a nuestras luchas internas. Lo que alguna vez nos pudo asustar o intimidar es ahora parte de un universo visual donde lo grotesco es reivindicado como una expresión de autenticidad y resistencia. En este sentido, el «pecado» se vuelve una parte inseparable de la libertad creativa, porque solo aceptando el lado oscuro de nuestra naturaleza podemos llegar a comprendernos completamente.
El título también incorpora el euskera, con «Pekaturik gabe» reforzando la idea de la ausencia de pecado, pero de una manera más local y cercana, adecuada para el contexto de la exposición en el País Vasco, una tierra que le ha acogido en numerosas ocasiones. La repetición en dos lenguas subraya que el mensaje es universal, que este reconocimiento de la imperfección y la aceptación de lo pecaminoso no está limitado por fronteras culturales o lingüísticas. Todos llevamos nuestras transgresiones, pero podemos liberarlas mediante el arte, la expresión y enfrentando lo que la sociedad nos ha enseñado a temer.
El verdadero poder del título radica en su provocación. Nos habla de una exposición que no busca complacer ni ofrecer respuestas fáciles. Al contrario, se enfrenta a las convenciones y nos invita a mirar de frente aquello que solemos evitar. Porque Cayotiko no se limita a mostrar lo perturbador por el simple hecho de hacerlo, sino que nos desafía a reflexionar sobre cómo aquello que consideramos monstruoso o pecaminoso puede ser también lo más humano y liberador. Y es precisamente en esa aceptación de lo impuro, donde el artista encuentra su mayor libertad.

Sobre el artista
Cayotiko, también conocido como Cayo, es un artista urbano de Zaragoza, cuya obra ha trascendido los límites de su ciudad natal, llevando a exponer en diversas regiones de España, como el País Vasco. Partiendo del arte callejero, Cayotiko ha sabido adaptar su estilo a una amplia gama de formatos, desde murales hasta papel, cerámica y lienzo, manteniendo siempre su esencia provocadora y expresiva.
Su lenguaje está marcado por una fuerte influencia del punk, la cultura mexicana y el expresionismo americano.
El compromiso social es la base fundamental de su trabajo a través de: sus figuras deformadas, espinas, calaveras, huesos y corazones atravesados, Cayotiko manifiesta una batalla incesante contra el temor y las reglas opresivas. Sus obras son un grito visual de resistencia, donde lo grotesco y lo monstruoso se convierten en símbolos de empoderamiento y liberación. Utilizando elementos de la contracultura y la iconografía religiosa, Cayo cuestiona las estructuras de poder y nos invita a abrazar lo que normalmente se rechaza. Todo un acto de amor hacia nosotros mismos.
Secciones de la exposición
1. Emerger de la tierra
En esta sección, Cayotiko nos invita a sumergirnos en un territorio nuevo dentro de su producción artística: la cerámica. Estas esculturas, inéditas hasta ahora, nos ofrecen una experiencia profundamente sensorial, una conexión directa con la materia que el artista ha estado explorando con minuciosidad y dedicación. Cada una de estas piezas es el resultado de un proceso de experimentación y descubrimiento de los materiales: el barro, las tierras, los pigmentos y los esmaltes. Este proceso ha permitido al artista dar un giro y reinterpretar sus temas más recurrentes, pero desde una nueva perspectiva, más cercana a la tierra misma, a lo primigenio.
El título «Emerger de la tierra» encierra una doble lectura: por un lado, habla de la relación directa con los materiales empleados, extraídos de la tierra, modelados y transformados en esculturas que parecen haber brotado de las entrañas del suelo. Pero, por otro lado, alude a un concepto más amplio: el de la resurrección. Una resurrección no entendida como un retorno definitivo, sino como un ciclo continuo, un renacimiento eterno lleno de posibilidades. Las calacas que aparecen en estas esculturas emergen no solo del barro físico, sino también de un barro simbólico, cargadas de significados renovados.
Los tonos que utiliza en estas cerámicas nos llevan de inmediato a ese mundo subterráneo y fértil. Los colores terrosos, especialmente los naranjas y ocres, evocan esa conexión profunda con la tierra. A través de ellos sentimos el calor de lo que está vivo, lo que palpita bajo la superficie. En contraste, los tonos fríos como el azul aportan una energía visual que rompe con esa quietud, sugiriendo la transformación y el renacer de las figuras. Estos colores nos hablan de una dualidad entre lo que se hunde en la tierra y lo que, al mismo tiempo, se eleva desde ella, renovado, listo para enfrentarse de nuevo al mundo.
2. Ídolos del pasado
En los mercados urbanos, entre objetos que han perdurado a lo largo del tiempo, hallamos una gran cantidad de réplicas de obras históricas del arte. Estas piezas, que alguna vez formaron parte del culto privado de nuestras abuelas, decoraban las paredes de los hogares, representando figuras sagradas y nobles con el propósito de proteger y embellecer. Eran imágenes omnipresentes en las casas de antaño, símbolos de devoción y orgullo familiar. Hoy, esas mismas reproducciones, que antes tenían un significado casi sacro, se encuentran relegadas a mercados de segunda mano, despojadas de su valor original. Cayotiko toma estas reliquias del pasado y les otorga un nuevo significado, transformándolas con su particular estilo en objetos de crítica y subversión.
En esta sección, el artista reinterpreta esas reproducciones, principalmente de temática religiosa, pero también incluye retratos de nobles y escenas costumbristas. Donde antes había rostros serenos y santos, ahora se encuentran calaveras grotescas, despojando a las imágenes de su carga original y convirtiéndolas en un espacio de transgresión. Los colores fluorescentes, vibrantes y disruptivos, infunden nueva vida a estas figuras, sacándolas del ámbito de lo devocional y de la excepcionalidad.
Un ejemplo clave de esta transformación es una obra en la que Cayotiko interviene una imagen religiosa, sustituyendo el rostro por una calavera. Las manos, en lugar de portar los gestos de bendición o plegaria, están tatuadas con «LOVE» y «HATE», y un molar cuelga como un amuleto alternativo. El cuestionamiento a las convenciones religiosas es claro, desafiando los símbolos que alguna vez fueron incuestionables.
3. Armería y utillaje
En esta sección, los símbolos de lucha toman el protagonismo. Corazones sangrantes, cuchillos afilados, huesos expuestos y ojos vigilantes emergen con fuerza, convertidos en una especie de arsenal visual. Pero no es un arsenal común. Cayotiko, en su estilo inconfundible, ha elevado estos objetos al rango de herramientas de resistencia, transformando lo que tradicionalmente podría verse como símbolos de fragilidad o vulnerabilidad en emblemas de poder y enfrentamiento. Cada uno de estos elementos está cargado de una energía visceral, una invitación al combate, tanto externo como interno.
El contraste visual es uno de los grandes aciertos de esta sección. El fondo dorado, que remite inmediatamente al arte sacro, evoca imágenes de altares y objetos de devoción. Sin embargo, en las manos de Cayotiko, este oro no es símbolo de divinidad, sino un escenario perfecto para el choque. El oro, tradicionalmente símbolo de lo eterno y lo inmaculado, se enfrenta aquí a los elementos punk, a lo visceral, a lo crudo. Es un choque entre lo celestial y lo terrenal, entre lo venerado y lo rebelde.
Uno de los elementos más impactantes es un corazón sangrante rodeado de espinas. Los colores intensos, como el rojo profundo de la sangre y el dorado del fondo, crean una tensión visual que no deja indiferente. Este corazón no es una simple imagen de dolor o sufrimiento, es una representación de lucha, de resistencia frente al daño, un símbolo de lo que se resiste a ser destruido. Las espinas que lo rodean están tan afiladas como los cuchillos, objetos que también forman parte de esta armería simbólica, herramientas visuales que nos invitan a imaginar batallas internas y externas.
Otra pieza clave en la sección es la figura enmascarada, portando una máscara de gas que añade una capa adicional de amenaza y protección. Aquí, los colores fluorescentes, contrastan fuertemente con el fondo dorado. Esta figura, envuelta en su anonimato, nos recuerda a una figura sagrada, pero una que ha cambiado su santidad por la resistencia. La máscara de gas, lejos de ser un símbolo de debilidad o de vulnerabilidad ante el peligro, se convierte en una herramienta de supervivencia, un escudo que protege en tiempos de caos y conflicto.
Armería y utillaje es un espacio donde lo sagrado y lo combativo se fusionan en un discurso visual único. Aquí, los objetos religiosos tradicionales se reconfiguran como armas simbólicas, listos para ser empuñados en la lucha diaria. Las piezas de esta sección no solo buscan impactar, sino que nos recuerdan que el enfrentamiento, ya sea personal o colectivo, puede estar imbuido de un sentido de resistencia sacra.
4. Ritos y juegos
Esta sección entrelaza lo lúdico y lo ritual de una manera que, a primera vista, puede parecer inocente, pero que rápidamente se transforma en algo mucho más inquietante. Cayotiko nos sitúa en un espacio donde lo cotidiano y lo simbólico colisionan, invitando al espectador a participar en un juego que no es solo diversión, sino un rito lleno de significados ocultos. Elementos como una ouija, una mesa de billar y blondas de confitería, que en otros contextos parecerían objetos ordinarios, aquí se vuelven instrumentos de una dualidad inquietante, donde lo familiar se transforma en lo perturbador.
La ouija, un instrumento tradicionalmente vinculado con lo esotérico, no sólo nos invita a jugar, sino que nos sumerge en un ritual de invocación, un diálogo con lo desconocido. En este juego, las fronteras entre lo real y lo sobrenatural se disuelven, haciéndonos conscientes de que todo juego tiene sus riesgos. La mesa de billar, un objeto asociado al ocio, también se transforma aquí en un espacio ritual, donde los movimientos calculados de las bolas recuerdan más a un rito misterioso que a un simple entretenimiento. Cada golpe parece estar cargado de una tensión latente, un acto simbólico que nos desafía a ver más allá de lo evidente.
Y luego están las blondas de confitería, esos delicados tapetes de encaje que evocan las tardes hogareñas, el té servido con esmero en la casa de la abuela. Cayotiko no permite que esa nostalgia permanezca intacta. Interviene estas blondas con logotipos de bandas de punk como «Vómito» y «Subversión», creando un choque visual que nos saca del refugio cómodo de lo doméstico y nos lanza de lleno al mundo de la contracultura. Lo que antes era un símbolo de tradición y cuidado se convierte en un lienzo para la rebeldía. Es un gesto audaz, donde lo hogareño es invadido por lo radical, generando una sensación de extrañeza y distorsión.
Esta combinación de elementos inofensivos y familiares con símbolos de la contracultura produce un efecto desconcertante, donde el espectador se ve obligado a cuestionar los límites entre lo que es juego y lo que es rito. Cayotiko nos sitúa en ese lugar incómodo entre dos mundos, recordándonos que detrás de lo que parece un simple juego, siempre hay un ritual oculto esperando a ser descubierto. Aquí, nada es lo que parece: lo lúdico se enreda con lo sagrado, y lo que debería reconfortarnos se vuelve desconcertante.
5. Engendros y criaturas
Las criaturas deformes y grotescas que pueblan el universo de Cayotiko cobran vida en toda su esencia en esta sección. Estas figuras, que parecen habitar un mundo que permuta entre lo humano y lo monstruoso, son más que simples representaciones del miedo: son manifestaciones de lo incontrolable, de aquello que nos aterra, pero que también, paradójicamente, nos da poder. Cayotiko toma esas formas distorsionadas, esos cuerpos fragmentados y ojos dispersos, y los convierte en símbolos de empoderamiento, como si al exhibir lo que normalmente se ocultaría, se ganara una batalla interna.
Cada una de estas criaturas parece estar atrapada en un estado de transformación constante, sin llegar nunca a ser algo completamente reconocible. Algunas tienen múltiples ojos, como si estuvieran condenadas a verlo todo sin poder escapar, mientras que otras conservan formas antropomorfas que nos recuerdan vagamente lo que una vez fueron, antes de que lo monstruoso tomara el control. Sin embargo, lejos de ser seres destinados a la condena, estas criaturas llevan consigo un aire de triunfo: han aceptado lo que son, lo que les hace diferentes, y en esa aceptación reside su verdadero poder.
En una serie de pequeños retratos, estas criaturas deformes nos miran desde el límite de sus marcos, asomando por ellos, como si estuvieran tras una ventana. Los colores vibrantes, crean una tensión inquietante cuando se aplican a formas tan distorsionadas. Lo lúdico y lo monstruoso se entrelazan, creando un espacio ambiguo donde el espectador no puede evitar sentirse fascinado y contrariado al mismo tiempo. Cada criatura, con su propia identidad, parece estar en un limbo entre lo inquietante y lo expresivo, como si encontraran una nueva forma de comunicar lo que el lenguaje humano no puede.
El tríptico que cierra la sección nos sumerge aún más en este caos visual. Los cuerpos de las criaturas están fragmentados, como si el tiempo o la realidad los hubiera desgarrado, dejando sólo restos de lo que alguna vez fueron. Los ojos, dispersos por el lienzo, no pertenecen a un solo ser, sino que parecen observar todo desde distintos ángulos, reforzando una sensación de disonancia y caos. En estas piezas, el mundo de Cayotiko se muestra en su máxima expresión: un espacio donde lo monstruoso es no solo aceptado, sino celebrado como una forma de resistencia, de liberación y, sobre todo, de toma de conciencia de nuestras fortalezas.