Tras el cierre de Hybrid, hoy inauguramos la exposición virtual «FICCIONES», un proyecto que nace de una invitación sencilla: abrir un espacio para imaginar sin pedir permiso. La muestra reúne 24 obras: 19 seleccionadas entre cerca de 300 propuestas recibidas en la convocatoria abierta y 5 piezas invitadas de artistas que formaron parte de «Lo fantástico y sus derivas».
En Veo Arte en todas pArtes entendemos la ficción no como evasión, sino como método. Un pequeño desplazamiento de lo real para ver lo que suele quedar fuera de plano: símbolos, intuiciones, recuerdos, miedos, deseos. Como escribe Alberto Cordón, a veces la ficción no empieza al inventar una historia, sino cuando «la realidad se permite descansar». En ese descanso, lo fantástico deja de actuar y simplemente existe. Respira.
En esta exposición, además, nos apoyamos en algo que nos importa: la voz de quienes crean. Las artistas y los artistas han compartido sus propias lecturas sobre las obras. Las hemos escuchado como quien recoge pistas. Y con ellas hemos construido un recorrido que no pretende encerrar el sentido, sino abrir rutas.
La muestra se articula en cuatro apartados. No funcionan como compartimentos cerrados. Funcionan como brújulas:
- Presencias: identidades que se desplazan, máscaras, gestos, personajes y tensiones interiores.
- Territorios: paisajes que narran, lugares oníricos, ciudades-reflejo y espacios emocionales.
- Metamorfosis: mezclas, cruces, símbolos conectados, transformaciones inevitables.
- Naturalezas vivas: lo vegetal y lo doméstico como relicario, ofrenda o memoria; lo cotidiano cargado de vida simbólica.
Presencias
En Presencias lo fantástico aparece en el cuerpo, en la mirada y en el personaje. Aquí la identidad no se da por hecha: se negocia, se tensa, se disfraza o se desdobla. Germán Luque lo nombra con claridad cuando habla del poder, el liderazgo y el deseo de pertenencia, y de cómo ese impulso puede llevarnos a desenfocar quiénes somos para encajar en un grupo.
También encontramos figuras que funcionan como síntoma. Sonja Llamas Baños titula su pieza «El Mundo está sangrando» y señala la vulnerabilidad humana frente a la maldad. Incluso cuando la escena es mínima, la imagen se vuelve un umbral. En esa misma línea, Enrique Ruiz Pascual habla de la violencia implícita en los procesos naturales y de la ternura que queda en el intersticio: una frase que nos parece esencial para entender este eje. Lo fantástico, aquí, no es ornamento. Es fricción. Es herida. Es memoria.
Y a veces la presencia se vuelve criatura. Jesús Dougnac Pascual presenta un ser alado vinculado a la psique: una figura que nos recuerda que lo fantástico puede ser también un mapa del interior.
Territorios
En Territorios el paisaje deja de ser fondo para convertirse en relato. Entramos en espacios que parecen construidos con lo que no se dice. Jesús Mariano Capilla Roldán habla de un mundo onírico donde secretos y deseos no confesables sostienen arquitecturas singulares. Es una idea poderosa: el territorio como consecuencia de lo íntimo.
Este eje también reúne ciudades que aparecen en un instante cotidiano. Elena Plaza Mata lo describe con precisión: cuando cae la lluvia, una nueva ciudad se abre en los reflejos de los charcos. La realidad se duplica. La mirada cambia. Y, de pronto, lo que parecía estable se vuelve móvil.
Hay, además, territorios que se nombran como destino. Corina López De Sousa sitúa su imagen en un camino hacia «entre nubes y estrellas», y lo enlaza con una memoria personal: la fantasía como guía y como compañía. En FICCIONES, los territorios no se recorren solo con los pies. Se recorren con el recuerdo, con la intuición, con el deseo.
Metamorfosis
En Metamorfosis lo real se mezcla, se contamina o cambia de forma. No hablamos solo de criaturas híbridas. Hablamos de estados de transición. De imágenes que nos dicen: nada está quieto.
Aintzane Cruceta Guadix lo formula desde el símbolo: todo está conectado. La transformación, escribe, puede sentirse tranquila, pero es inevitable. Esa idea atraviesa este eje: el cambio como corriente subterránea. Lo vemos también en propuestas que se alimentan del imaginario colectivo. Fernando Alonso Muñoz se apoya en el cine de terror, en personajes y escenarios que ya forman parte de nuestra memoria visual, para activar otra capa de lectura. La ficción, aquí, funciona como archivo compartido.
Y hay metamorfosis que operan desde la atmósfera. David Rivas Fernández menciona «el poder de la hora azul» para salir de la “ciega razón” a través de la música. Nos interesa porque señala algo clave: lo fantástico no siempre es una figura. A veces es una luz, un tono, una vibración que altera la forma en la que comprendemos el mundo.
Naturalezas vivas
En Naturalezas vivas el objeto y lo vegetal dejan de ser motivo para convertirse en presencia activa. Este apartado dialoga con el bodegón, sí, pero desde otro lugar: lo cotidiano como relicario, la flor como signo, la materia como memoria.
Aquí resuena con fuerza el texto de Virginia Calvo, que construye flores con recortes de ropa íntima para hablar de cuidado, enfermedad y duelo. La costura se convierte en experiencia transformadora y el hogar se vuelve un lugar de huellas emocionales. Nos interesa esa idea: lo doméstico no como “escena menor”, sino como espacio donde se sostienen lo esencial y lo que cuesta nombrar.
En esta misma ruta se sitúa Marta Darnés Martín, que habla de «Naturaleza agónica» y de dos caras de una misma moneda: la muerte de la naturaleza en manos del capitalismo y la posibilidad de renacer como especie capaz de cuidar y honrar la Tierra. En estas obras, lo fantástico actúa como advertencia y como deseo de futuro.
Y aquí se integran también las piezas invitadas de «Lo fantástico y sus derivas»: trabajos donde el gesto simbólico, el archivo, la materia y la memoria amplían el marco de lectura. Porque en FICCIONES lo fantástico no está “fuera” de lo real. Está dentro. En lo que tocamos. En lo que heredamos. En lo que cuidamos.

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