Hay exposiciones que se instalan en un lugar, y otras que lo transforman. Flamboyant, la propuesta de la artista portuguesa Joana Vasconcelos en el Palacio de Liria, pertenece sin duda a esta segunda categoría. No se trata solo de colocar esculturas en un entorno singular: aquí las piezas irrumpen, intervienen, dialogan y, en muchos casos, subvierten. Lo hacen desde el exceso, el humor, la delicadeza o el desconcierto. Lo hacen como solo el arte contemporáneo sabe hacerlo cuando se atreve a entrar en los mármoles de la historia.
Desde su inauguración, Flamboyant ha convertido el Palacio de Liria —residencia de la Casa de Alba y una de las colecciones privadas más importantes de Europa— en un escenario vivo. Una experiencia inmersiva donde lo monumental y lo íntimo se dan la mano. Donde los jardines, los salones, la biblioteca y hasta la capilla se reconfiguran al compás de luces LED, textiles, metales brillantes y corazones ardientes. La exposición, prorrogada hasta el 31 de agosto de 2025 por su éxito rotundo, ha recibido a miles de visitantes deseosos de vivir este cruce inesperado entre pasado y presente.
Una exposición que ocupa y se deja ocupar
Lo primero que llama la atención de Flamboyant es que no tiene miedo. Las obras no se limitan a respetar el espacio; lo abrazan y lo desafían. Vasconcelos juega con el ornamento, con lo doméstico, con los estereotipos de género y con la tradición artesana, llevándolos al límite. Un par de tacones gigantes hechos con cacerolas (la icónica Marilyn) se planta en medio del salón de baile; un anillo de compromiso XXL fabricado con llantas y vasos de whisky (El Solitario) reposa en los jardines privados; un corazón en llamas (Flaming Heart) brilla en la penumbra de la capilla.
Pero lo verdaderamente poderoso de Flamboyant no es solo la escala. Es la manera en que cada obra se posa —o se impone— en su entorno, forzando nuevas preguntas. ¿Qué significa colocar un chandelier de pendientes de flamenca en una biblioteca neoclásica? ¿Qué sucede cuando los textiles de la casa Dior visten una escalera que ha sido testigo de siglos de nobleza? ¿Cómo reacciona nuestro cuerpo ante ese cruce inesperado de memoria, lujo, humor e ironía?
Joana Vasconcelos: la creadora de lo improbable
Joana Vasconcelos (París, 1971) es una de las artistas europeas más reconocidas de las últimas décadas. Su obra bebe de la artesanía popular, del feminismo y del lenguaje visual de la cultura de masas. Pero lo que la hace única es su capacidad para construir metáforas a gran escala, con materiales tan cercanos como insólitos: ganchillo, utensilios de cocina, bordados, luces de neón, frascos de perfume.
Primera mujer en exponer en solitario en el Palacio de Versalles en 2012, Vasconcelos ha llevado su universo kitsch y sofisticado a museos y espacios patrimoniales de todo el mundo. En Flamboyant, sin embargo, da un paso más: no solo ocupa un espacio simbólico, sino que lo convierte en territorio compartido. Aquí el lujo no es distante, sino un vehículo para hablar de poder, de deseo, de cuerpo, de memoria. El palacio se vuelve escenario de una fiesta barroca donde todo puede convivir: el arte clásico y el contemporáneo, lo sagrado y lo profano, lo íntimo y lo desmesurado.
El Palacio de Liria: historia viva en el centro de Madrid
El Palacio de Liria es uno de esos lugares que respiran historia por cada rincón. Construido en el siglo XVIII, ha sido testigo de guerras, reconstrucciones y generaciones de una de las casas nobiliarias más influyentes de España. Sus estancias albergan obras de Velázquez, Goya, Murillo, Rubens y Tiziano. Pero también documentos manuscritos, porcelanas, tapices, muebles de época. Hasta hace pocos años era un espacio casi inaccesible. Desde su apertura al público en 2019, se ha convertido en una joya silenciosa en pleno corazón de Madrid.
Con Flamboyant, el Palacio se abre aún más. Se permite ser escenario de algo nuevo. Permite que sus muros hablen en otro idioma. Y, sobre todo, permite que quienes lo visitan se reconozcan en él, no solo como espectadores, sino como parte activa de una experiencia estética contemporánea.
Un cruce de tiempos que nos interpela
El verdadero valor de Flamboyant está en su capacidad de activar una conversación: entre lo que fuimos y lo que somos, entre el patrimonio y el presente, entre los objetos y nuestras emociones. No hay recorrido neutral. Cada sala se convierte en una pequeña escena teatral, donde la mirada se conmueve, se ríe o se desconcierta.
Vasconcelos ha dicho en varias ocasiones que el arte no debe ser cómodo, sino significativo. Y Flamboyant lo demuestra con creces. No busca encajar en los márgenes del museo-palacio, sino ensancharlos. Abrirlos a nuevas lecturas. Invitar a que otras voces —las nuestras— entren también en ese palacio y lo reinventen.
Flamboyant no es solo una exposición: es una experiencia que nos recuerda que la historia está viva, y que el arte puede —y debe— intervenirla. Que los palacios no son solo reliquias del pasado, sino espacios donde imaginar el presente. Y que lo contemporáneo puede ser también monumental, radical, sensible… y profundamente emocionante.
🕰️ Hasta el 31 de agosto de 2025
📍 Palacio de Liria, Madrid
🎟️ Entradas desde 18 € (con opción gratuita los lunes a las 10:00h)
Más info: www.palaciodeliria.com
