A veces pecamos de pensar el paisaje como algo estable, casi permanente. Como un escenario que permanece mientras todo lo demás cambia. Sin embargo, basta con observar con un poco más de atención para darse cuenta de que el paisaje también se transforma, a veces de forma tan lenta que apenas lo percibimos.
La exposición «Canteros/Bancales» de Andrés Delgado parte precisamente de esa idea: el territorio no es un fondo neutro, sino un espacio vivo en el que se acumulan decisiones, usos y formas de habitar. Lo que vemos no es solo naturaleza, sino el resultado de una relación continua entre las personas y su entorno.
Cómo se construye un paisaje
Las obras de Delgado no buscan representar un lugar concreto de manera literal. En lugar de eso, se apoyan en elementos propios del paisaje insular —la luz cambiante, la presencia de la calima, la niebla que difumina las formas— para construir imágenes donde los contornos se vuelven inestables.
Esta manera de trabajar hace que el espectador no identifique un territorio específico, pero sí reconozca una sensación: la de un paisaje que está cambiando, que pierde definición, que ya no puede leerse de la misma manera que antes.
A través de la pintura, el artista nos invita a comprender que el paisaje no es algo fijo, sino una construcción en constante transformación.
El territorio como archivo de memoria
Uno de los aspectos más interesantes de la exposición es cómo conecta el paisaje con la memoria.
Elementos como los bancales —estructuras agrícolas tradicionales— aparecen como huellas de un conocimiento transmitido durante generaciones. No son solo formas en el terreno, sino evidencia de una manera de entender y habitar el territorio.
Cuando estas estructuras desaparecen o dejan de utilizarse, no solo cambia el paisaje. También se pierde una parte de esa memoria colectiva.
En este sentido, la obra de Delgado nos ayuda a leer el territorio como si fuera un archivo, donde cada capa cuenta algo sobre quienes lo han habitado.
Una transformación llena de contradicciones
La exposición también plantea una cuestión especialmente relevante en el contexto actual: la relación entre sostenibilidad y transformación del territorio.
Muchas de las intervenciones que hoy se realizan en el paisaje se justifican en nombre del progreso o de la transición energética. Sin embargo, estos cambios no son neutros. A menudo implican la desaparición de prácticas tradicionales y la alteración de entornos que habían permanecido relativamente estables durante siglos.
El trabajo de Delgado no adopta una postura simplista. No se trata de rechazar el cambio, sino de entender sus consecuencias.
Nos invita a pensar en qué se gana, pero también en qué se pierde.
Mirar el paisaje de otra manera
Al recorrer la exposición, el espectador se enfrenta a una idea que resulta especialmente significativa: el paisaje no es algo ajeno.
No lo observamos desde fuera. Formamos parte de él.
Cada transformación, por pequeña que sea, deja una huella. Y esas huellas, acumuladas con el tiempo, terminan definiendo el territorio.
La propuesta de Andrés Delgado no busca ofrecer respuestas cerradas, sino generar una mirada más consciente. Nos invita a observar con más atención y a entender que el paisaje que vemos hoy es el resultado de múltiples decisiones.
Y que, en última instancia, también depende de nosotras cómo será el paisaje del futuro.
Andrés Delgado. Serie Bancales II, 2024. Acrílico, cola y cartón s/lienzo, 61×81 cm
Información para la visita
📍 Museo C.A.V. La Neomudéjar
📅 Hasta el 28 de junio de 2026
📌 Madrid
