La preparación de los altares de muertos

Flores, velas, alimentos, fotografías y piezas artesanales forman parte de una tradición mexicana que reúne memoria familiar, creencias y creación popular. Descubrimos cómo preparar un altar de muertos, qué significa cada uno de sus elementos y cuál es el papel de las flores y el arte popular en esta celebración.

Hay recuerdos que vuelven con el olor de una flor, el sabor de una receta familiar o una fotografía que llevábamos tiempo sin mirar. En México, esos recuerdos encuentran cada año un lugar especial en los altares de muertos, que familias y comunidades preparan para recibir simbólicamente a sus seres queridos fallecidos. Elegir las flores, cocinar sus platos favoritos, colocar sus retratos y encender las veladoras son gestos que forman parte de una tradición compartida entre generaciones.

En España también dedicamos los primeros días de noviembre a recordar a quienes ya no están. Durante las celebraciones de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos, muchas familias acuden a los cementerios, arreglan las sepulturas y llevan flores. Los estrechos vínculos culturales con México y el creciente interés por sus tradiciones han favorecido que los altares de muertos estén cada vez más presentes en museos, centros culturales y otros espacios de nuestro país.

Y con ellos llega la curiosidad por conocer cómo se preparan y qué representan sus elementos. ¿Por qué se trazan caminos con pétalos de cempasúchil? ¿Qué significado tienen las calaveras de azúcar? ¿De dónde procede la costumbre de colocar pan, agua o pequeñas figuras de barro?

En Veo Arte ya nos acercamos a esta celebración en El altar de muertos y dedicamos otro artículo al Cempasúchil: la flor del día de difuntos. Ahora queremos detenernos en cada uno de los elementos de la ofrenda, prestando especial atención a las flores, las piezas artesanales y las distintas manifestaciones artísticas que forman parte de esta tradición.

Cómo se prepara un altar de muertos

La preparación suele comenzar eligiendo a las personas que se desea recordar y reuniendo sus fotografías, objetos y alimentos preferidos. Después se acondiciona un espacio: puede ser una mesa cubierta con un mantel, una estructura escalonada o una instalación más amplia.

Los altares pueden organizarse en dos, tres o siete niveles, según las costumbres regionales y familiares. En distintas interpretaciones, estos escalones representan el cielo, la tierra, el inframundo o las etapas del tránsito espiritual.

La disposición también puede relacionarse con la concepción mesoamericana del universo, organizado simbólicamente en cuatro rumbos y un centro. Cada dirección se vinculaba con determinadas fuerzas, colores, elementos naturales y seres sagrados. Esta estructura continúa inspirando algunas ofrendas contemporáneas.

Sobre los diferentes niveles se colocan fotografías, flores, agua, velas, alimentos y objetos personales. El conjunto puede completarse con arcos florales, caminos de pétalos, papel picado, esculturas y elementos religiosos.

En muchas comunidades, la preparación reúne a familiares y vecinos que cocinan, elaboran adornos, compran flores y comparten recuerdos. Cada altar adquiere así características propias.

La celebración del Día de Muertos reúne tradiciones mesoamericanas y prácticas católicas incorporadas durante la época virreinal. La UNESCO reconoció las fiestas indígenas dedicadas a los muertos en 2003 y las inscribió en 2008 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Los elementos de la ofrenda, uno a uno

Fotografías y objetos personales:

Las fotografías identifican a las personas a quienes se dedica el altar. Suelen colocarse en un lugar destacado, acompañadas de objetos que pertenecieron a los difuntos o que recuerdan sus aficiones y costumbres.

Una carta, un libro, un instrumento musical, una prenda de vestir o un juguete permiten construir una ofrenda personal. En algunas tradiciones también se coloca un espejo, relacionado con la identificación simbólica del alma al llegar al altar.

Cempasúchil:

El cempasúchil (Tagetes erecta) es una de las flores más representativas del Día de Muertos. Su nombre procede del náhuatl y suele traducirse como «veinte flores» o «muchas flores».

Sus pétalos amarillos y anaranjados se relacionan tradicionalmente con la luz del sol, el calor y la vida. Su intenso aroma, según las creencias populares, ayuda a las ánimas a encontrar el camino de regreso.

Por ello es habitual deshojar las flores y disponer sus pétalos formando caminos desde la entrada de las viviendas hasta el altar. También se utiliza en ramos, guirnaldas, coronas y grandes arcos florales.

La abundancia de pétalos y su coloración permiten crear composiciones de gran intensidad visual. Su utilización transforma espacios cotidianos en escenarios ceremoniales.

En Veo Arte dedicamos un artículo completo a su historia y simbolismo: Cempasúchil: la flor del día de difuntos.

Flor de terciopelo:

Conocida también como cresta de gallo, mano de león o celosía, pertenece al género Celosia.

Sus inflorescencias onduladas presentan una textura que recuerda al terciopelo. Sus tonos rojos, púrpuras y magentas crean contrastes especialmente intensos junto al naranja del cempasúchil.

Su apariencia compacta y sus formas sinuosas aportan volumen a los arreglos florales. En determinadas tradiciones también se asocia con el consuelo y el recuerdo de los difuntos.

Flor de nube:

La flor de nube, conocida también como velo de novia, presenta numerosos ramilletes de pequeñas flores blancas.

En distintas comunidades mexicanas se incorpora a las ofrendas dedicadas a los niños fallecidos, llamados cariñosamente angelitos. Su color se relaciona con la pureza y la inocencia.

En las composiciones florales aporta ligereza y permite crear contrastes con las especies de colores más intensos.

Alhelí:

El alhelí se caracteriza por sus flores agrupadas en racimos y su perfume intenso.

Se utiliza en algunas ofrendas dedicadas a los angelitos, donde se relaciona con la pureza y el recuerdo.

Su fragancia participa de la importancia que los aromas tienen en estas celebraciones, mientras que sus racimos aportan verticalidad a los arreglos florales.

Crisantemos, claveles y otras flores:

Además de las especies anteriores, las ofrendas pueden incluir crisantemos, claveles y otras flores disponibles en cada región.

Los crisantemos aportan una gran variedad de formas y colores. Los claveles se relacionan habitualmente con el afecto y el recuerdo.

La elección de las especies depende de las tradiciones locales, la temporada y las preferencias familiares.

Velas y veladoras:

Representan el fuego y la luz que guía a las ánimas durante su camino de ida y vuelta.

En algunas comunidades indígenas, cada vela puede dedicarse a una persona fallecida. También se relacionan con la esperanza y, en determinadas disposiciones, se colocan cuatro velas para señalar los puntos cardinales.

Su iluminación contribuye a crear el ambiente del altar y destaca los colores y volúmenes de los elementos que lo componen.

Agua:

El agua se coloca para aliviar la sed de las ánimas después de su largo recorrido.

También se relaciona con la pureza y la regeneración de la vida.

Suele presentarse en vasos, jarras o recipientes de cerámica, y constituye uno de los gestos de hospitalidad más característicos de la ofrenda.

Sal y cruz de sal:

La sal representa la purificación y la protección del alma durante su viaje.

En algunas ofrendas se dispone formando una cruz, cuyo significado reúne distintas interpretaciones culturales.

Dentro de determinadas tradiciones mesoamericanas, la cruz puede asociarse con los cuatro rumbos del universo. En la tradición católica representa la resurrección y la fe cristiana.

Su presencia permite apreciar la convivencia de diferentes creencias en la celebración.

Copal e incienso:

El copal es una resina aromática utilizada desde tiempos prehispánicos en ceremonias y rituales.

Al quemarse desprende un humo perfumado que se relaciona con la purificación del espacio y la orientación de las ánimas hacia su ofrenda.

Suele quemarse en sahumerios, frecuentemente elaborados en barro. Estos recipientes pueden presentar formas escultóricas y decoraciones propias de distintas tradiciones artesanales.

Papel picado:

El papel picado representa, en una interpretación ampliamente difundida, el aire y el soplo vital.

Se elabora recortando papel de colores para formar motivos florales, figuras humanas, esqueletos, calaveras y composiciones geométricas.

Suspendido sobre el altar, se mueve con las corrientes de aire y aporta dinamismo al conjunto.

Su elaboración requiere precisión en el dibujo y en el recorte, y constituye una de las manifestaciones más reconocibles de las artes populares mexicanas.

Pan de muerto:

El pan de muerto es uno de los alimentos característicos de estas celebraciones.

Existen numerosas variedades regionales, aunque una de las más conocidas presenta forma redonda y está decorada con tiras de masa que representan huesos y una pequeña esfera superior asociada al cráneo.

En algunas interpretaciones, su forma se relaciona con el ciclo de la vida y la muerte. También se han desarrollado lecturas cristianas vinculadas con el pan y la eucaristía.

Su preparación y consumo forman parte de las reuniones familiares durante estas fechas.

Alimentos, bebidas, frutas y dulces:

La comida ofrecida suele corresponder a los platos preferidos de las personas homenajeadas.

Pueden incluirse tamales, mole, frutas, dulces, chocolate, café, atole y bebidas alcohólicas, según las costumbres familiares.

Preparar estos alimentos permite recuperar recetas, sabores y recuerdos asociados a quienes han fallecido.

Calaveritas de azúcar, chocolate o amaranto:

Las calaveritas recuerdan la presencia de la muerte en la vida y se elaboran con distintos materiales comestibles.

Pueden personalizarse escribiendo nombres en la frente, tanto de personas fallecidas como de personas vivas.

La elaboración de las calaveritas de azúcar está relacionada con la tradición del alfeñique, desarrollada en México durante la época virreinal.

Sus moldes, relieves, aplicaciones decorativas y colores convierten estas pequeñas figuras en ejemplos de escultura efímera.

Calacas:

Las calacas son representaciones de esqueletos que aparecen en diferentes expresiones del arte popular mexicano.

Pueden realizarse en barro, madera, papel maché y otros materiales.

Es frecuente encontrarlas bailando, tocando instrumentos musicales o desarrollando actividades cotidianas. Su carácter humorístico permite representar la muerte mediante escenas cercanas a la vida diaria.

La Catrina:

La imagen de La Catrina procede de la tradición gráfica asociada a José Guadalupe Posada, especialmente de su Calavera Garbancera.

Diego Rivera contribuyó a consolidar su apariencia actual en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, realizado en 1947.

Desde entonces se ha convertido en una figura habitual de la cartonería, la cerámica, la escultura y las celebraciones contemporáneas.

Su presencia en algunos altares refleja la evolución de las representaciones artísticas de la muerte en México.

Xoloitzcuintle y figuras de animales:

El xoloitzcuintle es un perro originario de México relacionado con distintas creencias mesoamericanas.

En la tradición mexica se consideraba un acompañante de las almas durante su viaje hacia el Mictlán, el inframundo.

Según estas creencias, ayudaba a los difuntos a atravesar uno de los ríos que encontraban durante su recorrido.

Las representaciones de perros en barro y otros materiales permiten relacionar las ofrendas actuales con antiguas tradiciones escultóricas y funerarias.

Barro, cerámica y cartonería:

Los altares incorporan frecuentemente platos, recipientes, sahumerios y figuras realizados por artesanos.

La cerámica aporta materiales y formas vinculados a las tradiciones locales, mientras que la cartonería permite elaborar esculturas ligeras y de gran tamaño.

Estas piezas ponen de relieve la importancia de los oficios artesanales y los conocimientos transmitidos entre generaciones.

Semillas:

Las semillas representan la tierra, la fertilidad y la continuidad de la vida.

En algunas ofrendas se colocan para proporcionar alimento simbólico a las ánimas durante su viaje.

También pueden distribuirse formando figuras y composiciones geométricas sobre el altar, especialmente con maíz, frijoles y otras semillas tradicionales.

Su presencia recuerda la importancia de la agricultura en las culturas mesoamericanas.

Mazorcas de maíz:

El maíz ocupa un lugar fundamental en la alimentación, la historia y las cosmovisiones de numerosos pueblos indígenas de México.

En algunas comunidades agrícolas se colocan mazorcas como agradecimiento a los antepasados por su relación con el cultivo y el cuidado de la cosecha.

También representan la fertilidad de la tierra y la continuidad de los ciclos agrícolas.

Sus diferentes variedades y colores pueden utilizarse como parte de la composición del altar.

Petate, manteles y textiles:

El petate es un tejido tradicional de fibras vegetales que se utiliza en diferentes actividades cotidianas.

En algunas ofrendas se coloca para que las ánimas descansen simbólicamente después de su viaje. También puede servir como base para disponer los alimentos y otros objetos.

Los manteles y textiles bordados aportan colores, motivos y materiales propios de las tradiciones familiares y regionales.

Tapetes de aserrín:

Los tapetes de aserrín coloreado son composiciones efímeras realizadas sobre el suelo mediante dibujos, patrones geométricos y figuras.

Su elaboración está relacionada con distintas tradiciones festivas y religiosas, especialmente con prácticas católicas desarrolladas durante la época virreinal.

En celebraciones contemporáneas del Día de Muertos pueden representar calaveras, flores, personajes y escenas alusivas a la muerte.

Su carácter temporal y su realización colectiva los convierten en una manifestación especialmente interesante del arte efímero.

Cruces e imágenes religiosas:

Muchas ofrendas incluyen cruces, imágenes de santos y otras representaciones vinculadas a la devoción católica.

Su presencia refleja la convivencia histórica entre tradiciones indígenas y creencias cristianas.

Los materiales empleados pueden variar: madera, metal, flores, sal o ceniza, entre otros.

Arcos y caminos de pétalos:

Los arcos florales representan, en distintas tradiciones, el paso simbólico entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Pueden construirse con flores, cañas, ramas, frutos y otros elementos vegetales.

Los caminos de pétalos, especialmente los de cempasúchil, señalan el recorrido hacia la ofrenda.

Desde el punto de vista artístico, estas estructuras organizan el espacio y convierten el altar en una pequeña arquitectura ceremonial.

Los altares como expresión artística y cultural

Los altares de muertos reúnen numerosas disciplinas: composición floral, escultura, cerámica, cartonería, artes gráficas, textiles y arquitectura efímera.

Su elaboración también incorpora conocimientos culinarios, agrícolas y artesanales.

La riqueza de estas manifestaciones se aprecia especialmente en la diversidad de ofrendas que se preparan a lo largo de México. Cada comunidad adapta sus formas, materiales y símbolos a sus propias tradiciones.

Los montajes contemporáneos permiten además reinterpretar estas costumbres mediante instalaciones artísticas y proyectos culturales.

Un ejemplo de esta relación entre tradición y creación contemporánea es el altar dedicado a ilustres botánicos españoles que se instaló en el Invernadero de Arganzuela, en Madrid. Su diseño, conceptualizado por Señoritos Creative Co., con Mariano Santana y Esteban Franklin, se inspiró en la concepción mesoamericana del universo, articulada en cuatro rumbos y un centro.

La instalación incorporó cinco niveles, estructuras vegetales y recorridos que convergían en un altar central. Los escalones en zigzag evocaban el movimiento de la serpiente, figura vinculada en distintas tradiciones mesoamericanas con las fuerzas vitales y los ciclos de transformación.

Este tipo de iniciativas muestra cómo una tradición viva puede dialogar con otros espacios culturales y adquirir nuevas interpretaciones.

Dónde conocer y visitar altares de muertos

En México, las ofrendas familiares, los altares comunitarios y las celebraciones en los cementerios permiten apreciar la diversidad de esta tradición.

En España, museos, centros culturales, asociaciones y representaciones mexicanas organizan actividades para acercarla al público, especialmente durante las semanas próximas al Día de Muertos.

Instituciones como la Fundación Casa de México en España desarrollan habitualmente una programación cultural relacionada con esta celebración. También pueden encontrarse propuestas en otros espacios culturales y en iniciativas impulsadas por comunidades mexicanas residentes en España.

Desde Veo Arte invitamos a quienes nos leen en México y en España a acercarse a las ofrendas de su entorno, conocer el trabajo de los artesanos y descubrir las historias que hay detrás de cada composición.

Informarse sobre quién prepara cada altar, a quién está dedicado y qué tradiciones reúne permite comprender mejor su significado y disfrutar de la riqueza de una de las celebraciones más representativas del patrimonio cultural mexicano.

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